LOS NIÑOS
LOS NIÑOS
LOS NIÑOS TAMBIÉN SON VÍCTIMAS
Cuando la justicia separa a un hijo de su padre, ¿Quién protege al niño?
Un abrazo que no llega. Un cumpleaños sin su padre. Unas vacaciones que nunca compartirán.
Una infancia que pasa mientras los adultos deciden su futuro desde un despacho.
El tiempo que un niño pierde con su padre no se recupera. Jamás.
Cuando una separación familiar se convierte en una batalla judicial, el menor corre el riesgo de acabar siendo la víctima más olvidada.
Y cuando una denuncia desencadena un proceso penal y familiar,
las consecuencias pueden cambiar para siempre la vida de toda una familia.
¿Y SI LA ACUSACIÓN ERA FALSA?
Una denuncia no equivale a una condena.
Pero ¿Quién repara el daño cuando un padre es absuelto, un procedimiento se archiva
o las acusaciones no terminan acreditándose y, aun así, la relación con su hijo ha quedado destrozada?
¿Quién devuelve al niño los años perdidos?
¿Quién responde por el vínculo que se ha roto?
No toda absolución demuestra que una denuncia fuera falsa. Pero tampoco podemos ignorar el sufrimiento de las familias que denuncian haber sido víctimas de acusaciones injustas y de procesos con consecuencias devastadoras.
EATAF, FISCALÍA, JUECES Y SERVICIOS SOCIALES:
¿QUIÉN CONTROLA A QUIEN DECIDE?
En Cataluña, el EATAF elabora informes técnicos para ayudar a los tribunales a tomar decisiones sobre las familias y los menores.
Es una función de enorme responsabilidad.
Precisamente por eso, sus informes deben ser rigurosos, imparciales, transparentes y susceptibles de contradicción.
Un informe puede influir profundamente en la vida de un niño.
¿Qué ocurre si contiene errores, omite información relevante o no refleja adecuadamente la realidad familiar?
Las decisiones judiciales deben poder examinarse y cuestionarse por las vías legales.
Ningún organismo debería quedar al margen de la crítica ni de la rendición de cuentas.
Y conviene recordar algo fundamental:
la existencia de una denuncia no implica automáticamente perder la custodia ni la patria potestad.
Son decisiones distintas, sujetas a sus propias condiciones legales.
Pero cuando una familia entra en una espiral judicial, sus consecuencias merecen ser vigiladas de cerca.
EL NIÑO NO ES UN EXPEDIENTE
No se trata de enfrentar a hombres contra mujeres. La violencia real existe y debe combatirse.
Pero proteger a las víctimas también exige evitar injusticias y no olvidar a los menores atrapados en los conflictos de los adultos.
Necesitamos evaluaciones rigurosas, decisiones motivadas, mecanismos efectivos de revisión y estadísticas
que permitan conocer qué sucede realmente con los niños y sus familias.
Porque detrás de cada expediente hay una persona.
Y detrás de cada decisión, puede haber un niño preguntándose por qué ya no puede abrazar a su padre.
LOS EXPEDIENTES SE ARCHIVAN. LOS PROCEDIMIENTOS TERMINAN. PERO LA INFANCIA NO SE PUEDE REPETIR.
QUE NADIE OLVIDE QUE, DETRÁS DE CADA EXPEDIENTE, HAY NIÑOS QUE SUFREN.